“Cuanta más libertad se le otorga a los negocios,
más cárceles se hace necesario construir para
quienes padecen los negocios.”
Eduardo Galeano
Uno de los elementos clave del pensamiento político de los verdaderos demócratas, ha sido el de defender la restricción de la libertad de los más poderosos para salvaguardar la de la mayoría social. Fíjense cómo lo ilustra el bueno de Marx, cuyas ideas, antiguas pero no anticuadas, sobreviven a fuerza de tener razón: “el obrero aislado, como vendedor libre de su fuerza de trabajo, se halla totalmente indefenso(…)no tiene más remedio que apretar el cerco y arrancar, como clase, una ley, un obstáculo social insuperable que les impida a ellos mismos venderse como carne de muerte y esclavitud mediante un contrato libre”. En una sociedad asimétrica donde los grandes poseedores de capital (véase Juan Roig) negocian contra aquellos que sólo poseen su fuerza de trabajo (léase la inmensa mayoría), dotar de absoluta libertad a este enfrentamiento implica, por fuerza, que el más débil tenga las de perder. Por ello, decía Marx, la única manera que tienen los trabajadores de proteger su libertad de vivir dignamente, es restringir de forma colectiva su libertad de venderse indignamente.

