Consideramos que una deuda de más de 50 millones de euros hipoteca, y nunca mejor dicho, la gobernabilidad del municipio y la soberanía de sus habitantes frente a los designios de los acreedores que podrán, -en la línea del modelo económico que la izquierda rechaza-, condicionar y controlar las políticas locales. Así, la presión de los préstamos provocará que sólo se construya y se invierta en aquello que genere riqueza a la gran empresa y financieros que tengan económicamente controlado el ayuntamiento. La deuda es, además, ilegítima, puesto que algo tan serio como ahogar a una administración en préstamos debería contar con el beneplácito explícito del pueblo. Desde IU preguntamos si se consultó al pueblo de Orihuela sobre este endeudamiento o si se le explicó siquiera. No, y no sólo eso, sino que esta situación económica limita los posibles cambios de gobierno en el futuro y hace inevitable los enfrentamientos con ciertos poderes económicos, enfrentamientos que, desde luego, la izquierda no teme.
Además nos preguntamos dónde ha ido a parar esa deuda, Orihuela carece de una red de transporte público eficiente (o ineficiente, ya que apenas existe en transporte público); hay una carencia de servicios brutal (guarderías, centros culturales, biblioteca municipal) y la industria local se vio desmantelada en aras de la construcción desaforada que ha destrozado nuestro medio ambiente.